lunes, 2 de julio de 2012

Tengo la boca seca.


Desde un principio aclaro que las palabras no son suficientes.
La gente con la espalda curva y las uñas despostilladas, trabajando, contando, mientras los cerdos, hinchados de poder, se burlan.
La transgresión que queda impune. La corrupción desmedida. El cinismo colosal.

Imagino un país gris, miles de cabezas agachadas siguiendo el camino les ha sido trazado con la ilusión de ser libres. No es un sometimiento, es la decepción, la tristeza, la impotencia, el luto interno.
El pueblo caminará por el suelo repleto de pus.

Nadar contra corriente en medio de tiburones, caminando en reversa imitando a los cangrejos, hienas que ríen y arrancan carne fresca, buitres volando en círculos esperando el momento de roer huesos.
¿Qué queda para nosotros? Nada.

La realidad que apesta a podredumbre, a cinismo, a magnates hediondos de alcohol y semen podrido, a enfermedad supurando, a mierda. La nación repugnante.

Hoy el color rojo está deslavado y disminuido.
Hoy no creo en Frida Kahlo, necesito los pies firmes para unas alas averiadas.
Quiero seguir el ejemplo de Nietzche, irme a una montaña y mandar el humanismo al diablo...
No es suficiente.

Olvidarán este día, este lunes desbaratado, el engaño, la burla, la venda en los ojos, las marcas en la piel, los suspiros, los ojos tristes, el dolor.
Se adaptarán al hambre, a la vestimienta harapienta, a las viejas costumbres, a la pestilencia.
Yo no soy ecce homo. Yo no pertenezco. Yo no olvido. Yo no me uno.
Yo no.

Atentamente.
Un idealista derrotado.