miércoles, 31 de mayo de 2017

La jornada.

La forma en que lo cotidiano transcurre sin una actividad especifica resulta poco comprensible pero armónica, plena y equilibrada. Los días pasan en calma, en ausencia de presiones banales, con un lento avance de las manecillas para dar tiempo a observar el paisaje, a disfrutar una fresa recién cortada, un jugo de naranja frío, una cerveza o un beso; a respirar el aire puro que nos limpia los pulmones, a escuchar el canto de un pájaro, a sentir los rayos del sol tostando la piel, a descubrir música o libros, a probar nuevos sabores, a educar el oído hacia un nuevo idioma, a andar en bicicleta entre los campos verdes y flores amarillas, a mirar el movimiento de las copas de los árboles y el cielo azul. 

Ese perfume suave y fresco, ese balanceo tranquilo que te abraza cálidamente, que te arrebata las tensiones y hace cerrar los ojos y llena el cuerpo de paz. Estoy sumergida en esa curiosidad por los detalles cotidianos que pasan desapercibidos y resultan ser los más extraordinarios. Alejada de la modernidad y el bullicio de la ciudad pero cerca de la naturaleza y sus prodigios, qué mejor!. 


A ratos es bueno desintoxicarse, desadaptarse, desconectarse. Recrear. Ser. El estado ideal. Es la forma en como se regeneran los cronopios y los amorosos.. Algunas veces es bueno detenerse para recobrar el sentido, para vivir.

jueves, 6 de abril de 2017

65 años de vida y 1 de muerte

65 años de vida y 1 de muerte. Hoy es tu cumpleaños. Hoy era tu cumpleaños.

Pero hoy no habrá pastel ni cantos, no habrá envolturas de regalos ni chocolates preparados. No chocaremos las copas para brindar por 100 años más de vida. No habrán caminatas en búsqueda de cafés. No habrá una arruga más en la frente ni canas acumuladas. No pulirás tus lentes ni tu navaja. No habrá planes de viaje ni canciones de los Doors. No contarás las mismas anécdotas ni habrá intentos de tomar fotos. No dirás ninguna broma ni te quejarás de cómo va girando el mundo.

No habrá risas que se dibujen en la cara puesto que no existen ya ni la cara, ni los ojos, ni las manos. Tu piel morena se ha fundido con la tierra. Tus huesos han germinado flores que adornan tu tumba. Todo ha quedado reducido a polvo en medio del aire encerrado. Todo se ha desvanecido con excepción del corazón y del alma. Te fuiste muy pronto. El cuadro ha quedado vacío.

Celebraremos con una vela y una oración. Con los recuerdos y la memoria. Con el dolor que oprime el pecho y los ojos las lágrimas. Celebraremos con el cielo nublado y el atardecer sanguinolento. Con el colibrí que se acerque a la ventana. Celebraremos en la soledad, en cuartos vacíos, tratando de reconstruir tu rostro sobre la pared oscura. Nos persignaremos en tu honor. Encenderemos un cirio en tu honor. 

Te abrazo desde este sucio colchón a rayas, con una novela rusa a mi lado.

65 años de vida y 1 de muerte. Qué absurdo es el tiempo. Qué absurda la vida tras ser aplastada por la muerte. 

lunes, 20 de marzo de 2017

Sitio de amor.

Me gustan las noches porque eres mío. Dejamos de lado las responsabilidades y la tecnología. Dejamos de lado lo aprendido y las cosas que no conocemos. Nos despojamos de las playeras así como del mundo. El resto se queda al límite de nuestra puerta. Tú eres mi casa. Nada importa ya. No permitimos que traspasen. Es tuyo y mío ese lugar de nadie. Quedamos así, inmaculados en nuestra desnudez, frente a frente, con los corazones rojos. Nos arrullamos al ritmo de nuestro vals, creando sombras y risas con la lámpara del buró. 



Me gustan las mañanas porque eres mío. Estás a mi lado en un estado semi inconsciente, unidos en los sueños y en la realidad. Las sonrisas con los ojos cerrados, esos ojos que amo pero que a esas horas imagino sin ver. Las manos apretando el pecho como si fueran uvas, estrechando las almas, todo en silencio. El amor sin lógica ni razón. El corazón late despacio, es la pureza del sentimiento. El duro amanecer viene. El preámbulo del ajetreo del día. Me gustan las mañanas porque eres mío.

sábado, 10 de diciembre de 2016

Rosas secas



Esta noche se trata de acarrear las caras agrias, las sábanas frías, el levantamiento de muros y los pañuelos acumulados.

De llenar el aire con suspiros, rezos y corrosión.

De tener los brazos sueltos, de ignorar los labios que te reclaman, el corazón que palpita.

Se trata de negarnos el amor que une cuerpos y hace funcionar estrellas.

Se trata de transfigurar constelaciones y secar rosas.

El peligroso juego de faltarnos, esperarnos y morirnos. De desperdiciar el tiempo haciendo nada cuando podemos hacer todo.






Aun no es tarde.

Pausa



Trato de decir a oscuras esto. Trato de decir tu nombre en la penumbra. La noche que siempre ha resultado ser nuestra cómplice.

Los sospechosos horarios de nuestros encuentros. Las noches de embriaguez que nos enmarcan. Las circunstancias informales y espontáneas. Nosotros, nuestro juego fuera de lo cotidiano, libre de rutinas, ajenos a compromisos, ausente de exigencias.

La alegría del casual reencuentro. El mirarte es echar a volar la imaginación, amo tus ojos. El aura enigmática que siempre te ha rodeado. La felicidad de compartir una canción, las secuencia de una película, una cerveza. Amo tu risa. El gozo de los besos con sabor a vicios. El desenfreno en el sexo pues el futuro siempre ha sido incierto. La inmovilidad después de haber culminado. Nuestros demonios están en paz. La separación sin especulaciones de un próximo encuentro. Amamos lo elemental. Amamos la magia.

Es raro y simple. Una peculiar visión de una relación. Historias dionisíacas, acercamientos bukowskianos, el sentimiento idílico. El jardín de sueños. El jardín de las delicias. El jardín de los secretos.

Ningún día hemos despertado en los brazos de otro. Ningún día te he preparado café por la mañana. Nuestros besos resultan desconocidos para la luz del día. Y, sin embargo, te reconozco en mis labios y en mi piel; en los lugares donde estuviste, en la memoria que alberga todos los detalles. Ni tu rostro ni el sentimiento se han deslavado por el tiempo. Te recuerdo y te pienso.

Quizás me ves, tal vez, en un rincón del cuarto donde duermes. Quizás me reconoces como una hora antigua cuando a solas te interrogas. Quizás algún día añores mi compañía y mi desnudez.

Trato de decir a oscuras esto, en silencio. El silencio despierta los sueños. Somos sobrevivientes del día de ayer. El eco de un suspiro, la memoria de una ausencia. Repito tu nombre, estoy segura que llegará el amanecer.

lunes, 29 de agosto de 2016

Julia

Pienso en ti a la una de la tarde. La hora acordada para que la carroza te lleve al lugar de los muertos.

No quise verte. La noche anterior acompañé a los tuyos en su pena, compartimos el dolor, la pesadumbre, las miradas tristes y los silencios pero no quise verte.

Me acordaré de ti siempre con esa bonita sonrisa sin dientes y esos ojos que poco veían entre esas nebulosas oculares, ese mar de cataratas.

Me acordaré de ti con ese chal roído que me compartías de niña y la noche era lluviosa y fría; con esa tortilla de huevo que me preparabas por las mañanas antes de ir al colegio; porque siempre decías que el desayuno era lo más importante.

Julia, una mujer de campo, recia y trabajadora, que nunca se adaptó del todo a esta ciudad. Una mujer fértil que cargó 11 hijos en su vientre y que aun así decidió adoptarme y llamarme 'mi niña'.

Julia, te velamos con café y pan dulce, tus alimentos preferidos; entre el aire frío, ahí, de pie, tiritando, te recordamos todos los que te teníamos cariño sincero. Todos los que admirábamos tu bondad, corazón gigante y tus manos vacías de lo que este mundo llama riquezas. Tu opulencia discernía de ello. Siempre con la preocupación de no desamparar a tus nietos y a Ana, tu hija. Ellos están bien, yo estoy bien. Ten paz.

Julia, se que escuchabas todas las anécdotas recapituladas desde ese ataúd cerca de la ventana, rodeada de flores blancas y sirios encendidos.

Pobre viejecita que has dejado este planeta sin haber descifrado el misterio de las letras, sin haber entendido la aritmética, sin saber nada más que tu propia historia, siempre caminando con tus pies chuecos.

Julia, eras instinto y no ciencia, eras creencias y no estudios. Julia eras más humana, más verdadera de lo que muchos son.

Pobre viejecita que te has ido tras 95 otoños; ahora te esparcen en forma de polvo, ahora regresas a la tierra oscura de la que tanto hablabas.


Julia, allá donde estés seguro sonríes y caminas con los pies descalzos sobre la cálida arena mientras ves nítidamente un hermoso atardecer en el mar. Ese mar a donde siempre quisiste ir. Ese mar que te espera en la otra orilla.

Louisiana y su 89% de humedad

Podrán pasar mil años sin que me sea posible olvidarte. Los ojos que te han visto, los ojos que te evocan. Tu humedad extrema que se colaba hasta lo más recóndito. Tu peculiar olor a cannabis que se manifestaba como una nube omnipresente, fragancia universal.

Los escaparates mostrando desde antigüedades valiosísimas hasta obras de artistas callejeros. Tus iglesias abarrotadas de gargantas entonando cantos góspel al lado de un local de santería, vudú e incienso. Los clubes de striptease invitándote a entrar y un pastor predicando fervorosamente el catolicismo. La bandera gringa y el estandarte de los piratas.

La modernidad retratada en edificios altísimos junto a pequeñas casitas estilo francés, su pórtico amueblado con una mesa de madera desgastada, todo esto enmarcado por un colorido pasto perfectamente cortado. Los vagabundos durmiendo en la banqueta fuera de un elegante restaurante. Las pizzas por rebanada y el po-boy. Las ostras y el gumbo.

El Misisipí balanceando el viejo barco y los mendigos preguntándote por algo de droga o alimento. Los perros sedientos y los caimanes en su hábitat natural.
La gentileza local proveniente de desconocidos con buenos días en la boca y la pronunciación estropeada que nos transforma a todos en una torre de babel.
Las pieles sudorosas moviéndose al ritmo de una orquesta callejera de buen jazz o de negros bailando a ritmo libre con latas bajo la suela de sus zapatos.

Los cuerpos sudorosos con poca ropa y las personas con disfraces del Mardi Gras. Parejas de viejos tomados de la mano caminando junto las chicas que enseñan los senos a desconocidos, por diversión. Las calles iluminadas de luces neón y las velas de las ceremonias iluminando la carta 12 del tarot. El rock y el jazz. Absenta y cerveza.

La fiesta constante. La invitación a la felicidad. La incitación sexual. El surrealismo. La locura. La música.

La escencia : la mezcolanza. Filosofías conjuntas, amalgama de ideales, revoltura de tendencias, reunión de ideologías, credos mixtos.

Nueva Orleans ecléctico, Nueva Orleans anacrónico, Nueva Orleans espléndido.

Encender una vela y reproducir un disco de Dr. John para recapitular aquel lugar de ensueño.