domingo, 3 de junio de 2018

Domingo de Junio

Así dejábamos pasar el domingo. 

En este pequeño lugar alejado y atemporal: un refugio ante el exterior. Haciendo de todo y nada, sumidos en nuestro ritmo y tiempo. Nos turnábamos para tomar la fría lata de cerveza del refri o para preparar el té que inundaba de aromas frutales el espacio. Tumbados en el sofá, el gato venía a instalarse entre nosotros, celoso de caricias. Traíamos de vuelta viejos recuerdos, señalando curiosidades, leyendo algún verso que encontráramos, tarareando precariamente alguna canción, imaginando posibles escenarios o entrelazados en un abrazo abismal: las actividades acostumbradas. Observábamos nuestras siluetas, apenas iluminadas por la lamparilla del buró, tratando de hacer memoria y recordar cada lunar, cada cicatriz, cada pliegue. De la nada, nos mirábamos y reíamos con una sonrisa franca, sabiéndonos afortunados cómplices.




Así dejábamos pasar el domingo. Extasiados, ensimismados, enamorados.

martes, 17 de abril de 2018

Aquel tiempo.

Hablo de aquel tiempo donde el temor nos era desconocido, donde la libertad era nuestra y la defendíamos con un idealismo franco.  Intentábamos comernos al mundo sin que el futuro nos detuviera. Tanto el estómago como el bolsillo estaban vacíos sin embargo, eramos felices y amábamos la vida. Recordábamos una canción y nos deteníamos a tararearla en cualquier esquina sin importar las miradas desconcertadas. Escuchábamos la voz perpetua de Reed junto a guitarras ácidas y rasposas mientras esperábamos la gloria y hablábamos de sueños. La locura formaba parte de nosotros y asegurábamos que la celebración cabía en un brindis. Las sonrisas brotaban directas del alma y se perdían en el ambiente lleno de incienso. El amor era despreocupado y fugaz, a la espera de aquel romance verdadero. En un cuaderno roído, escribíamos versos y prosas que trataban de representar a toda una generación. Pasábamos la noche en vela, esperábamos el amanecer y lo tomábamos como un indicio. Nuestros ojos eran fulgurantes y llenos de promesas.


Espera. Aún no hemos olvidado. Sacude las cenizas. Mira cómo tu cabello se despeina con el aire, cómo tu sombra sigue alargándose con cada atardecer, cómo aún hay esperanza. Aún hay asombro y descubrimientos. Aún hay vida.

lunes, 25 de diciembre de 2017

Día 25 del mes 12.

Despierto este 25 de Diciembre pensando en que pasaré la jornada en casa y en que el año prácticamente se ha ido, 6 días más y plaf! no quedará nada, sólo los recuerdos. Y, precisamente, en esta actividad me detengo.

Sin duda, lo más memorable que sucedió fue el volver a viajar a Francia, siendo un periodo de mucha paz y tranquilidad también de aprendizaje porque cuando uno no está en el territorio que domina, se encuentra más vulnerable. Conocer hermosos lugares que te atiborran el alma de sueños para poder enfrentarse después al mundo real y la cotidianidad, un ejemplo de ello fue Venecia. Con una arquitectura majestuosa, calles laberínticas, colores en las vitrinas de los locales, comida para saciar cualquier exigencia, puentes de ensueño, el agua como medio de transporte y de vida. También la Bretaña con sus increíbles paisajes y un lugar de ensueño como loes Dinan con sus calles empedradas que te incitan a perderte entre ellas; un entorno imponente como lo muestra Saint Malo, una ciudad amurallada frente al mar. Londres es algo que se tiene que vivir una vez en la vida. Una fiesta en honor de nuestro matrimonio también sucedió por aquellas tierras con las delicias culinarias que predominan allá y con la familia política que me ha adoptado con gran fervor a pesar de que no hemos podido tener grandes conversaciones. Una sonrisa sincera es el mejor intercambio. Conocer, comer y experimentar sin duda son actividades que alimentan el alma y por las que vale la pena dejar atrás todos los miedos e inseguridades.

Laboralmente he tropezado con varios baches que impiden ver con claridad el rumbo a tomar, sin embargo, uno no se desanima del todo cuando las monedas suenan en el bolsillo para poder ir a darse ciertos placeres mundanos. Cada vez me alejo más de las cuestiones sobre las que todo mundo habla y me adentro en un mundo que se acerca más al mío, a la esencia que me hace ser lo que soy.

Este mes de Septiembre se convirtió en algo inolvidable, con el peor sismo que hemos vivido los que son de mi generación. La fuerza imponente de la naturaleza para causar tremendas afectaciones y pérdidas humanas en un periodo de tiempo corto, nos recordaron lo que realmente nos importa. Hoy revivimos aquel sentimiento que ahora vive dentro de nosotros, afortunadamente sin daño alguno.

Contar con los amigos y la familia aunque haya distancia de por medio, ha resultado fundamental para poder continuar el camino, tomar decisiones, compartir vivencias, enfrentarnos a adioses y reencuentros, a tristezas y alegrías, les agradezco por estar. Aquellos que se han alejado por apatía o por voluntad propia, así tenía que ser pues yo no les aportaba nada interesante y viceversa. Aquellos que terminaron su ciclo de vida terrenal también los llevo en mi memoria y en mi corazón, enciendo una vela por todos.

Es el cuarto fin de año que paso al lado de mi compañero de vida, aquel que complementa mis actividades diarias, que me sorprende con aprendizajes nuevos y tantas complicidades, con el que paso horas disfrutando de conversaciones interesantes, literatura y música, así como de nimiedades y silencios, aquel por el que cualquier locura vale la pena.

Siendo una montaña rusa este 2017 se acerca a su fin y no queda más que brindar por lo que ya pasó, por los sucesos venideros en donde no tengamos las mismas incertidumbres y que nos acerquemos más a nuestros sueños.

martes, 15 de agosto de 2017

Conversaciones de café

  • Deberíamos separarnos - dijo Martha.
  • Pero, ¿por qué? - contestó Alexis.
Martha estaba sentada frente al espejo, cepillándose el largo cabello. Se había maquillado para ir al trabajo. Alexis la veía acostado desde la cama, seguía debajo de las sábanas tras haber el hecho el amor esa madrugada.
  • Ya no soy feliz. La espontaneidad se ha ido a no sé dónde junto con los besos de nariz y las salidas al cine los sábados - dijo Martha más para sí misma que para Alexis.
  • Dijiste que ya te aburría.
  • También los paseos por el parque, las cenas a la luz de la vela, los ofrecimientos de tu abrigo cuando hace frío, preparar hot-cakes, las risas de la nada. Ya no cuidamos de este amor.
Alexis prendió la lámpara del buró para buscar el encendedor. Martha lo observaba a través del espejo, tenía entre abierta la bata de baño, se podía ver su ropa interior.
  • Podemos dividir las cosas de la casa. O quédatelas, si prefieres. Tú decide
  • Pero no quiero separarme, estamos bien.
  • ¿Bien? ¿Es eso lo que esperas del amor? Tendría que ser una maravilla, la más bella aventura. Tendríamos que morirnos uno por el otro, no estar en una relación que se consume y apaga como la llama de una vela. Yo tampoco te hago feliz, no hay brillo en tus ojos cuando me miras. ¿Por qué quieres seguir? ¿Costumbre?
Alexis encendió un cigarrillo y miró las fotos enmarcadas que estaban en la pared. Recargó la cabeza en la cabecera de la cama. Martha se levantó y abrió el clóset. Sin pensarlo mucho eligió un vestido color salmón.
  • Nada de eso. Ese vestido te queda bien.
  • Bueno, te quiero, de eso no hay duda. Eres el amor de mi vida, de eso tampoco hay duda. Me conoces más que nadie. Pero nuestra temporada juntos ya pasó. Me has dado lindos años, lindísimos recuerdos y prefiero quedarme con eso.
  • ¿Qué pasará, entonces?

Sonó la alarma del despertador. Comenzaba a amanecer. Olía al café recién hecho el cual ya no beberían.

lunes, 7 de agosto de 2017

Anti-ruido

Existe dentro de las ciudades, aquella agotadora búsqueda de la tranquilidad, la anhelación de un lugar donde pareciera no haber acción ni tiempo, donde poder descansar de la atención y tensión, de las responsabilidades y las preocupaciones. Esconderse y huir. Pensar y escuchar-te. Soltar y renacer.

Sin embargo, en la persecución de esa apacibilidad, el ambiente se carga, el sentido del oído se agudiza más, hasta los detalles insignificantes parecieran surgir con estruendo. Las campanas de la iglesia, los perros ladrando, los niños que juegan y lloran, las parejas discutiendo, la madre regañona, la televisión con las noticias de la balacera de hoy, nacos que escuchan música a todo volumen, la campanilla de la basura, la grabación de los tamales, una motocicleta cayendo en un bache, el claxon del histérico, la sirena de la ambulancia a toda velocidad, el vaso que se estrella. 


La calma en los oídos, es un zumbido; en realidad, es la paz. El ruido no es vida. El silencio escasamente hallado, representando una gema valiosísima. Aquel punto de sosiego donde poder disfrutar el verdadero estado de bienestar. Milagro prodigioso y exiguo.

martes, 25 de julio de 2017

La tierra del sudeste

No había ni rastro de sol frente al mar gris, las densas nubes lo ocultaban. Estábamos aquí para tomar el ferry que nos alejaría de esta tierra maldita. Era lo único que tenía este pueblo, las salidas del ferry. Aun nos quedaban algunas horas por esperar y decidimos entrar al único bar.  Se trataba de un lugar semivacío con luces de colores, piso de madera y muebles verdes viejos con un ligero olor a moho. En las paredes había detalles de barcos y cuadros de perros jugando al billar.

En el celular, veía las fotos de los días pasados, recordaba las lágrimas y las discusiones. Para distraerme, decidí observar la tele pero las pantallas estaban sin señal de transmisión. Entonces, decidí mirar a mi alrededor.

Eramos alrededor de 10 personas. Un señor sentado en un esquina oscura era el responsable de controlar nuestra banda sonora : desconocidas canciones de pop ochenteras. En las máquinas de casino había una señora gorda jugando de manera automática y, al lado, una mujer con un whisky y cigarro en mano que casi se echaba encima de su compañero. Un señor canoso con su portafolio y aire de hastío tras haber tenido una dura jornada laboral. La chica de la barra, que era punk, platicaba en voz baja con su amiga de falda corta. Y nosotros quienes estábamos frente a frente, sumergidos en nuestros pensamientos. ¡Qué bella congregación!

Nos quedaban algunas monedas por gastar pues no servirían de nada en cualquier otro lugar, se convertirían en metal inservible. Las teníamos sobre la mesa dispuestos a gastarlas en alcohol. Miramos hacia la barra pero sólo tenían botellas de nombres desconocidos como Cactus Jacks. Así fue como pedimos dos pintas de cerveza a la chica de la barra, quien estaba descalza y comiendo una hamburguesa. Con parsimonia, fue a servir el vaso y, sin hablar, estiró la mano para recibir las monedas, ponerlas en la caja registradora y seguir comiendo mientras escuchaba a su amiga.

Por lo que podía entender, las canciones eran de amor mal correspondido, de nostalgia del pasado o de corazones rotos. La música estaba a volumen alto para que nadie tuviera que hablar con nadie. La amiga decidió tomar el micrófono y comenzar el karaoke. Nos miramos y reímos. Decidimos terminar el vaso y salir de aquel lugar de pena. Nos internamos en el frío y la neblina con las manos unidas, uno al lado de otro.


Era un día de fiesta. Era un sábado por la tarde. Portsmouth, un pueblo olvidado.

miércoles, 31 de mayo de 2017

La jornada.

La forma en que lo cotidiano transcurre sin una actividad especifica resulta poco comprensible pero armónica, plena y equilibrada. Los días pasan en calma, en ausencia de presiones banales, con un lento avance de las manecillas para dar tiempo a observar el paisaje, a disfrutar una fresa recién cortada, un jugo de naranja frío, una cerveza o un beso; a respirar el aire puro que nos limpia los pulmones, a escuchar el canto de un pájaro, a sentir los rayos del sol tostando la piel, a descubrir música o libros, a probar nuevos sabores, a educar el oído hacia un nuevo idioma, a andar en bicicleta entre los campos verdes y flores amarillas, a mirar el movimiento de las copas de los árboles y el cielo azul. 

Ese perfume suave y fresco, ese balanceo tranquilo que te abraza cálidamente, que te arrebata las tensiones y hace cerrar los ojos y llena el cuerpo de paz. Estoy sumergida en esa curiosidad por los detalles cotidianos que pasan desapercibidos y resultan ser los más extraordinarios. Alejada de la modernidad y el bullicio de la ciudad pero cerca de la naturaleza y sus prodigios, qué mejor!. 


A ratos es bueno desintoxicarse, desadaptarse, desconectarse. Recrear. Ser. El estado ideal. Es la forma en como se regeneran los cronopios y los amorosos.. Algunas veces es bueno detenerse para recobrar el sentido, para vivir.