lunes, 28 de abril de 2008

U-Bahn

7:43. Vagón puramente femenino: altas, bajas, serias, sudando, mojadas, sin suéter, combinadas, sostenidas, respirando, parpadeando: siendo.

Algunas permanecen serias, incapaces de sonreír, los ojos idos, el cuerpo encorvado balanceándose todas al unísono, y a veces, sólo a veces una mirada encuentra a otra y entonces el milagro sucede: sonríen

Paulatinamente, el cajón férreo va llenándose, baja 1 suben 3, bajan 3 suben 5, siempre el predominante positivo; entra una señora con pantalón color verde, símil al de los asientos, se camuflajea, me divierte.

Me asomo por la ventanilla y logro divisar el compartimiento subsiguiente, no está enteramente compuesto de mujeres, es un híbrido, poseo un lugar privilegiado.

Las luces se esfuman, el tren subterráneo frena. Oscuridad. Pánico, claustrofobia. Ganas instintivas de vomitar. Continúa.

La vocecilla anuncia el transborde próximo. Salimos expulsadas de aquella esfera y nos mezclamos con ellos...tenía que pasar. Caminamos, al lado izquierdo de la escalera eléctrica hay una resbaladilla metálica, de pronto, unas ganas locas de aventarme, soy cobarde, talvez algún día.

Rebasándome va un loco cantando, todos lo miran despectivamente, yo lo considero un valiente, el asco huye, respiro aire fresco. Respiro.

1 comentario:

irinea dijo...

odio el metro...ultimamente...