martes, 15 de agosto de 2017

Conversaciones de café

  • Deberíamos separarnos - dijo Martha.
  • Pero, ¿por qué? - contestó Alexis.
Martha estaba sentada frente al espejo, cepillándose el largo cabello. Se había maquillado para ir al trabajo. Alexis la veía acostado desde la cama, seguía debajo de las sábanas tras haber el hecho el amor esa madrugada.
  • Ya no soy feliz. La espontaneidad se ha ido a no sé dónde junto con los besos de nariz y las salidas al cine los sábados - dijo Martha más para sí misma que para Alexis.
  • Dijiste que ya te aburría.
  • También los paseos por el parque, las cenas a la luz de la vela, los ofrecimientos de tu abrigo cuando hace frío, preparar hot-cakes, las risas de la nada. Ya no cuidamos de este amor.
Alexis prendió la lámpara del buró para buscar el encendedor. Martha lo observaba a través del espejo, tenía entre abierta la bata de baño, se podía ver su ropa interior.
  • Podemos dividir las cosas de la casa. O quédatelas, si prefieres. Tú decide
  • Pero no quiero separarme, estamos bien.
  • ¿Bien? ¿Es eso lo que esperas del amor? Tendría que ser una maravilla, la más bella aventura. Tendríamos que morirnos uno por el otro, no estar en una relación que se consume y apaga como la llama de una vela. Yo tampoco te hago feliz, no hay brillo en tus ojos cuando me miras. ¿Por qué quieres seguir? ¿Costumbre?
Alexis encendió un cigarrillo y miró las fotos enmarcadas que estaban en la pared. Recargó la cabeza en la cabecera de la cama. Martha se levantó y abrió el clóset. Sin pensarlo mucho eligió un vestido color salmón.
  • Nada de eso. Ese vestido te queda bien.
  • Bueno, te quiero, de eso no hay duda. Eres el amor de mi vida, de eso tampoco hay duda. Me conoces más que nadie. Pero nuestra temporada juntos ya pasó. Me has dado lindos años, lindísimos recuerdos y prefiero quedarme con eso.
  • ¿Qué pasará, entonces?

Sonó la alarma del despertador. Comenzaba a amanecer. Olía al café recién hecho el cual ya no beberían.

No hay comentarios: