lunes, 29 de agosto de 2016

Louisiana y su 89% de humedad

Podrán pasar mil años sin que me sea posible olvidarte. Los ojos que te han visto, los ojos que te evocan. Tu humedad extrema que se colaba hasta lo más recóndito. Tu peculiar olor a cannabis que se manifestaba como una nube omnipresente, fragancia universal.

Los escaparates mostrando desde antigüedades valiosísimas hasta obras de artistas callejeros. Tus iglesias abarrotadas de gargantas entonando cantos góspel al lado de un local de santería, vudú e incienso. Los clubes de striptease invitándote a entrar y un pastor predicando fervorosamente el catolicismo. La bandera gringa y el estandarte de los piratas.

La modernidad retratada en edificios altísimos junto a pequeñas casitas estilo francés, su pórtico amueblado con una mesa de madera desgastada, todo esto enmarcado por un colorido pasto perfectamente cortado. Los vagabundos durmiendo en la banqueta fuera de un elegante restaurante. Las pizzas por rebanada y el po-boy. Las ostras y el gumbo.

El Misisipí balanceando el viejo barco y los mendigos preguntándote por algo de droga o alimento. Los perros sedientos y los caimanes en su hábitat natural.
La gentileza local proveniente de desconocidos con buenos días en la boca y la pronunciación estropeada que nos transforma a todos en una torre de babel.
Las pieles sudorosas moviéndose al ritmo de una orquesta callejera de buen jazz o de negros bailando a ritmo libre con latas bajo la suela de sus zapatos.

Los cuerpos sudorosos con poca ropa y las personas con disfraces del Mardi Gras. Parejas de viejos tomados de la mano caminando junto las chicas que enseñan los senos a desconocidos, por diversión. Las calles iluminadas de luces neón y las velas de las ceremonias iluminando la carta 12 del tarot. El rock y el jazz. Absenta y cerveza.

La fiesta constante. La invitación a la felicidad. La incitación sexual. El surrealismo. La locura. La música.

La escencia : la mezcolanza. Filosofías conjuntas, amalgama de ideales, revoltura de tendencias, reunión de ideologías, credos mixtos.

Nueva Orleans ecléctico, Nueva Orleans anacrónico, Nueva Orleans espléndido.

Encender una vela y reproducir un disco de Dr. John para recapitular aquel lugar de ensueño.


miércoles, 1 de junio de 2016

Las alas del deseo

Un sinnúmero de tardes se van consumiendo mientras esperas pacientemente a que el reloj de arena deje caer su último grano, a que las manecillas den una vuelta completa para tener el permiso de mover los pies y dejar de lado aquel lugar plagado de insectos, suciedad y sudor donde transcurren tus días .

Los rayos de sol cruzan las nubes y se asemejan a pares de piernas de todo tipo, bronceadas, sin rasurar, delgadas, fornidas, con las rodillas arqueadas y desfilan ante tus ojos miel que miran a la defensiva y el consumen el cigarro por medio de la contemplación.

Ellas caminan y te miran, te encuentran como cualquier perro encontraría un hueso para roer aún estando enterrado en lo más profundo de la tierra. Sus pupilas brillan con mayor intensidad, sus senos se hinchan, sus nalgas se endurecen, despliegan sus alas furiosas, revolotean cerca de tu lado, lanzan una brisa plagada de feromonas con un olor a perfume barato, te venden ideas encantadoras de belleza falsa.

El deseo de tenerte entre sus muslos cálidos viene a su cabeza. Ni hablar de un maquiavélico plan sino como en todos los tianguis, cualquiera te ofrece su carne blanda a bajo precio, su paso abierto a ese pliegue blando sin ningún compromiso, la oferta de ocasión, un hechizo barato.

La competencia por los movimientos más sensuales, por la sonrisa más bella, por la atmósfera más agradable, por la fantasía más exótica, por el humedecimiento que envolverá de mayor encanto dicha escena. La avidez de un apetito pasajero que, tras haber sido satisfecho, se convertirá en piel marchita con aroma a fruta podrida seguido de un cúmulo de moscas. El instante culminado detrás del cual no hay nada más que ofrecer. La prolongación que se situará en el vacío.

La primera impresión siempre tiene un dejo de atracción, una punzada llamativa que nos hará girar la cabeza y mirar la mercancía como cualquier objeto nuevo aunque inerte. Sin embargo, esa hinchazón bajo el pantalón repetida monótonamente y la irrigación de la corteza cerebral son sólo el reflejo del amor de mala calidad, de la carencia de escencia, de una superficie disfrazada.

Cuando sea la hora indicada y el turno haya terminado, gira sobre tus talones, despabila la cabeza, emprende tu camino de regreso hacia el corazón más rojo de la faz, a las promesas reales, a los sacrificios que valen su peso en oro, a los sentimientos arraigados, donde se ofrecen todos aquellos atractivos potenciados al cien, el orgasmo auténtico ; regresa por el camino sin sombras, regresa a la plenitud del alma y del cuerpo, regresa a la historia que es bonanza y destino.

Y que tanta falta hace en este mundo.




jueves, 26 de mayo de 2016

Formas y maneras

No quisiera que creyeras que ya no te pienso porque no te escribo con tinta y palabras.

Ahora te escribo de diferentes maneras, con cada mirada que te lanzo al estar sentado frente a mi en el sofá, cada ocasión en que dividimos el agua bajo la regaderas, con cada silencio al que damos paso a nuestros pensamientos, con cada recuerdo que revivimos, cada noche cuando poso mi oído sobre tu pecho y escucho tu corazón latir.

Te escribo con cada beso en la espalda, cada vez que damos inicio al jugueteo, con cada gota de sudor en nuestras pieles, cada vez que te cuelas entre mis muslos y nuestras piernas se entrelazan como serpientes, cada vez que peleamos en nuestra eterna y dulce lucha.

Te escribo mientras cerramos los ojos y creamos fantasías y afuera los vagabundos buscan refugios, los delincuentes asaltan, los jóvenes se emborrachan, los prostitutas esperan y los gatos cazan.


Te escribo con cada beso depositado en tu frente por la mañana cuando aún duermes, cuando el sol brillan los primeros rayos, con cada calle que camino contigo en mente, reavivando la noche anterior, con cada camión que me lleva lejos de ti cuando en realidad, sólo quisiera quedarme a tu lado.

viernes, 11 de marzo de 2016

Deambulando en el mundo de los muertos

El viento y las ventanas librando una batalla a muerte, por el crujido, puedo deducir que el viento va ganando. Aquí dentro nos acomodamos bajo las cobijas, cada uno de nuestro correspondiente y frío lado del colchón. Creando divisiones en lugar de uniones.

La ausencia de palabras que remarca la pesadez, la frialdad, la oscuridad, la densidad de esta noche. El reloj verde que cuelga de la pared cuenta exactamente cada segundo al que hemos dado paso, cada segundo que hemos dejado invadirnos para acrecentar la distancia.  El hielo va endureciéndose sin ningún rastro del rayo del sol.

La iluminación verdosa colorea la piel de nuestro rostro y brazos asemejándolos a la cera, oscureciendo el rojo vivo del corazón, aminorando la velocidad de los latidos.

El anhelo de romper la mala brecha mediante un beso parece ser el acto reconciliatorio predilecto por los filmes y, al mismo tiempo, el más ficticio.

Un estado mayormente vegetativo. Las notas de amor ignoradas en un rincón. La calidez evaporada. Las caricias ausentes. Los besos nulos. Las sonrisas olvidadas. Los sexos sueltos y secos. Los ojos opacos refugiados detrás de las lentillas. La alegría eclipsada. Las almas distanciándose. El lazo rojo de los meñiques tenso. Deplorable.

El conjunto desolador de la indiferencia, el alejamiento, la incertidumbre y la tristeza. Cuatro jinetes del apocalípsis. La atmósfera amarga que se respira, me empuja a saltar de la cama, a abrir la puerta del balcón y brincar bajo el suelo mojado; un escalofrío como señal del comienzo de la purificación bajo la lluvia. La limpieza de toda la mierda que llevamos cargando.

Los destellos que la luna crea en cada gota, esos reflejos que hacen creer en la esperanza durante esta larga noche en que la chingada nos está llevando.


jueves, 12 de febrero de 2015

El diente de león y el conejo sucio

Un pequeño diente de león sobresalía de aquel paisaje agreste. Ella se acercó, hundió las rodillas en la tierra sin importar que luego tuviera que tallarlas con la esponja para poder deshacerse de ese par de tapas cafés. Su mano derecha se aproximó lentamente a aquella florecita delicada, la recorrió en toda su altura tocando su suave tallo y las hojas que la rodeaban pero sin atreverse a hacer contacto directo con la parte superior, sería un sacrilegio, una destrucción total.

Ella puso su cuerpo en posición horizontal y recargó la barbilla en su puño, de esta manera, podía mirar, observar más a detalle. Pasados unos minutos, llenó sus pulmones de aire y exhaló un soplido suave pero de larga duración, sopló hasta que el diente de león quedaba al descubierto, desnudo, expuesto, desprovisto de sus minúsculos adornos acoginados.

Sus microvellosidades allá iban a la deriva, girando sin saber de arriba o abajo. Aquel bello cuadro le parecía familiar. En la memoria arrinconada había algo que se asemejaba. Entonces recordó el más ancestral de los tiempos, la teoría del comienzo, el inicio del todo. La explosión masiva que separó la materia, que alteró la homogeneidad y la dividió sin aparente colocación alguna.

Sin embargo, es cuestión de entrecerrar los ojillos, sin preocuparnos de las arrugas que se nos formarán. Mirar con la exquisita curiosidad de la novedad.

La materia propagada, a diestra y siniestra, construía un sistema jerárquico. Rasgos, similitudes y afinidades fueron unidas en reducidas circunferencias. Separada cual campos semánticos impartidos a temprana edad, esos grupos de palabras que formaban alianzas agradables o repugnantes. O como los montones de ropa hedionda sacada del cesto y separada por colores, no vaya a ser que se nos arruine el vestido nuevo.

Así cada planeta fue moldeado por sentimientos y emociones, texturas suaves y rasposas, tundras y bosques, flores y basureros, el Impresionismo y la fotografía en blanco y negro, la luz y la noche (los más favorecidos se quedaron con el atardecer). Antónimos separados en filas.  Las balanzas del equilibrio. La esencia.

Los vapores de los extractos se solidificaron con el paso del tiempo. Ella mira a lo lejos el humo gris emanado de la fábrica, cree que la Tierra pertenece al grupo de las malformaciones. Ella comienza a toser y le da impresión que en este lugar se acumularon los deshechos de todas las filas. Este lugar podrías llamarse la nada, piensa ella. Lleno de prejuicios y violencia, agresiones abusos y vacíos de cualquier tipo, las carencias y la saturación de lo apocalíptico.

Ella mira desilusionada el tallo solitario y el paisaje industrializado un poco más allá, las bellas volutas han desaparecido, perdidas en la nada o en el todo. Un pequeño movimiento detrás del arbusto seco llega hasta sus oídos, ella gira la cabeza. Un sucio conejo con actitud perdida aparece, la mira un momento y continúa su camino.

Con esa curiosidad antes mencionada, ella ágilmente se levanta y lo sigue. El conejo va a toda velocidad y se detiene bruscamente al borde de la colina. Ahí se queda, estático, inmóvil, casi sin respirar. Ella se acerca sigilosamente y mira sin comprender lo que está a punto de suceder. Pasados unos minutos, el sol comienza su recorrido indicando el término de la jornada: la puesta de sol. El conejo mira directamente en esa dirección, pareciera sonriente.

Es entonces cuando ella reacciona, se maravilla con el espectáculo que tiene ante sus ojos, toda la belleza del momento entra por los poros de su piel. Las rodillas se doblegan y toma asiento detrás del conejo para apreciar esta ceremonia de gala.

El planeta Tierra también estaba conformado por preciosidades que permanecen ocultas la mayoría de las ocasiones, todo es cuestión de esperar y observar en el lugar adecuado. Maravillas que van y vienen.

Algunos de esos vapores debieron solidificarse, ella puede verlo a través de esas nubes pintadas de tornasol con tonos que ni siquiera Dalí o Monet podrían lograr; una parvada atraviesa ese gama impresionante. El conejo también mira hacia allí. Una suave brisa sopla alrededor de su cuello como acariciándola mientras libera sus cabellos castaños. Ella cierra sus ojos unos segundos para incrementar la sensación. Ella se siente en paz. Pequeñas joyas efímeras. Después de todo aquí no se estaba tan mal.


El término de la puesta de sol anuncia el final de aquella caminata en esa tarde de otoño. El conejo desaparece fugazmente detrás de un árbol. Ella se levanta y se sacude su vestido mientras no entiende el por qué la gente considera al diente de león una mala hierba.