jueves, 16 de julio de 2020

Viviendo cerca del mar

Hace tres días que pienso en el mar, ¿has escuchado el sonido del oleaje? Es magia. 


Puede estar enfurecido y propagar el miedo o estar calmo y sumergirte en una paz profunda. Aquí están a la misma altura el sol y la luna y las estrellas. Las hojas intentan bailar su mismo ritmo, las aves detienen su vuelo atraídas por el espectáculo. El vaivén sin tiempo ni espacio, sin forma definida. También tú lo ves y lo escuchas, me doy cuenta que hay algo diferente en tus ojos, está enamorándote. Así me quedo en la playa mirándote y escuchándolo, purificándome. Estamos en el paraíso.

jueves, 9 de abril de 2020

Los días más felices

El mes de abril parecía haberse detenido en el tiempo, con las calles vacías y los cielos más azules del año.

Los días transcurrían a nuestra manera. Vivíamos regidos por un horario natural, nos despertábamos cuando la luz atravesaba las cortinas y sabíamos que era de noche cuando el sol ya se había ido. 

Los libros y las tazas parecían reproducirse en cualquier rincón de nuestro minúsculo departamento. Disfrutábamos del agua caliente al bañarnos juntos y rara vez teníamos pantalones puestos. Comíamos a deshoras e inventábamos nuevas bebidas para aminorar el calor de la primavera.

Leíamos durante largos periodos de tiempo con las piernas entrelazadas. Mirábamos películas tan viejas que las siluetas de los personajes eran apenas distinguibles. Encendíamos algunas velas y nos recostábamos en el suelo fresco recordando anécdotas de las canciones y adivinando el año en el que fueron lanzadas al mundo.

Intercambiábamos miradas que contenían toda la ternura del mundo, besos que dejaban de manifiesto el amor contenido y caricias sin importar la hora del día. El gato nos observaba celoso desde la repisa mientras se limpiaba sus patitas blancas.

Admirábamos los pequeños cambios de la naturaleza, nos emocionábamos por una flor que nacía o cuando el árbol seco comenzaba a tornarse verde y lleno de vida. Algunas veces mirábamos los atardeceres que se asomaban a nuestra ventana, entonces reinaba el silencio y nos dejábamos cautivar por su hermosura.

Habíamos creado nuestro mundo.

Así fueron los días más felices de nuestra vida.

domingo, 5 de abril de 2020

Tiempo presente

Respira. 
El tiempo parece ir a la deriva. 
Las manecillas del reloj han perdido su ritmo.
El mundo va más lento.
Interrumpe tu rutina y alimenta tu alma.
Observa el vuelo de los pájaros y la agitación de las ramas.
Recuéstate e imagina la historia más fantástica sobre el blanco techo.
Escucha la intensidad que trae consigo el viento.
Platica hasta quedarte exhausto. 
Comparte y vuélvete cómplice con los tuyos.
Colecciona momentos que sólo te pertenezcan a ti.
Toma los silencios con toda la dulzura que los integran.
Cuestiona el presente, el pasado y el futuro.

Abre la ventana. 
Deja que el viento te despeine y llena tus pulmones hasta que los sientas explotar.
Siente la tristeza hasta lo más profundo de tu ser. 
Muere amargamente inundado por lágrimas.
Percibe la felicidad renacer a través del atardecer.

Respira.

El ciclo está por renovarse.

sábado, 28 de marzo de 2020

Noche santa

La noche recién comenzaba. Brindábamos por la música en nuestros oídos y por la belleza que nos rodeaba, compartíamos anécdotas, complicidades y sueños. Parecía un gran momento para estar vivos, ansiábamos comernos al mundo.

Las botellas vacías, la sangre ligera, la mente en vértigo. En nuestra euforia, perdimos el control.

Una transformación tan drástica como no habíamos vislumbrado nunca antes estaba a punto de comenzar. Discusiones, reclamos, llantos y enfrentamientos letales. Todas las fallas del pasado se cernían sobre nosotros, ensombreciéndonos a tal punto de resultar seres desconocidos. Los planes a futuro se evaporaban, las promesas se quedaban en el aire, la separación parecía inminente. La lluvia nos golpeaba en la cara y, en la búsqueda de un refugio, encontramos esa vieja y fría iglesia.

Ahí las palabras mordaces incrementaban su fuerza debido al eco, a la soledad y a la oscuridad. Los cirios jugaban macabramente nuestros gestos, haciendo de nuestros rostros, máscaras maléficas con miradas rencorosas. El amor se quebraba delante de los santos. Olvidábamos la marca que nos unía, ésa que sólo desaparecería con una mutilación. Parecía que nada podía poner pausa al hiriente discurso que se había desatado.

Paulatinamente, nuestras cuerdas vocales se vaciaron. Intentamos conciliar el sueño mientras tiritábamos de frío. Cada uno se encontraba en un confesionario, rodeado de los pensamientos más oscuros, hundiéndonos bajo el peso del fracaso. El alma estaba congelada y el corazón a medio morir.

Unas horas más tarde, la luz del amanecer atravesaba los vitrales y derretía el hielo formado durante la noche. Salimos sin mirarnos. Cruzamos la calle y tomaste mi mano. Habíamos enfrentado nuestros demonios más tenebroso. Aquel oscuro pasaje se cerraba junto con la puerta de la iglesia.

La tormenta se había disipado, un nuevo día comenzaba. Era el momento de reconstruir(nos).

jueves, 26 de marzo de 2020

Escenario pt. 1

Entre la estática y el silencio, regresemos a la observación e instrospección, a la tinta sobre papel, a las caminatas solitarias, a mirarnos a los ojos y a descubrir versos que contienen toda la belleza del mundo.

viernes, 8 de noviembre de 2019

Microrelato 1


Mientras escuchaba los aplausos que sus hipócritas amigos daban en aquella fiesta privada, de pronto, recordó.

Se vio a sí mismo hace 45 años. Iba en el metro de la línea 2, sentado junto a su madre. Tendría 6 o 7 años. Como de costumbre, su madre iba leyendo. En alguna estación, un hombre subió. Un hombre como ningún otro que hubiera visto. Cabello largo en una coleta, llevaba los lados a rape, dibujos en la piel, ropa sin color y holgada. Comenzó a recitar un fragmento del libro de “Espejos” de Eduardo Galeano que en aquel entonces le era desconocido. Hablaba sobre la magnanimidad de Tenochtitlán, de los adelantos de su tiempo y de las impresiones que causó a los españoles. Javier recuerda ver al hombre recitando fervorosamente con una voz grave y movimientos de mano que acentuaban su relato. Resultaba cautivador.

Fue precisamente en este punto que, sin saberlo, Javier encontró su vocación y decidió hacer de la historia su pasión. Comenzó a interesarse en los libros, primero infantiles y luego con investigaciones más profundas. Ingresó al colegio, realizó estudios de alto grado y terminó escribiendo un libro interesantísimo que era por el motivo de su ovación.

Todo lo anterior lo había llevado a este instante: agradecer a aquel actor, aquella alma auténtica donde fuera que se encontrara y lanzarle una bendición al aire.

miércoles, 14 de agosto de 2019

Cumpleaños


Madrugada de insomnio y lluvias torrenciales. Una vida de recuerdos que me ahogan. Se levantó el telón: ya no hay más.

Hoy era tu fiesta, éste era tu día. Hoy no hay banquetes ni deseos de una larga vida, pero la memoria es terca y se aferra.

El gran vacío en el pecho, el peso en el estómago y el dolor que se acumula y se eleva al cielo que tampoco ha dejado de llorar.

Mi corazón te recuerda y me gustaría verte bailar y cantar. Las velas, los rezos y las flores son el único consuelo.

Tu partida no tiene vuelta atrás. Lo sé. Me queda la tranquilidad de que te quise a tu hora y en el lugar preciso.

Del otro lado, aplauden y ríen en medio de una gran celebración. Allá en la vida eterna, festejan al que fue un gran abuelo y ahora un ángel mayor.

Te recuerdo, te lloro, te quiero.