domingo, 5 de abril de 2020

Tiempo presente

Respira. 
El tiempo parece ir a la deriva. 
Las manecillas del reloj han perdido su ritmo.
El mundo va más lento.
Interrumpe tu rutina y alimenta tu alma.
Observa el vuelo de los pájaros y la agitación de las ramas.
Recuéstate e imagina la historia más fantástica sobre el blanco techo.
Escucha la intensidad que trae consigo el viento.
Platica hasta quedarte exhausto. 
Comparte y vuélvete cómplice con los tuyos.
Colecciona momentos que sólo te pertenezcan a ti.
Toma los silencios con toda la dulzura que los integran.
Cuestiona el presente, el pasado y el futuro.

Abre la ventana. 
Deja que el viento te despeine y llena tus pulmones hasta que los sientas explotar.
Siente la tristeza hasta lo más profundo de tu ser. 
Muere amargamente inundado por lágrimas.
Percibe la felicidad renacer a través del atardecer.

Respira.

El ciclo está por renovarse.

sábado, 28 de marzo de 2020

Noche santa

La noche recién comenzaba. Brindábamos por la música en nuestros oídos y por la belleza que nos rodeaba, compartíamos anécdotas, complicidades y sueños. Parecía un gran momento para estar vivos, ansiábamos comernos al mundo.

Las botellas vacías, la sangre ligera, la mente en vértigo. En nuestra euforia, perdimos el control.

Una transformación tan drástica como no habíamos vislumbrado nunca antes estaba a punto de comenzar. Discusiones, reclamos, llantos y enfrentamientos letales. Todas las fallas del pasado se cernían sobre nosotros, ensombreciéndonos a tal punto de resultar seres desconocidos. Los planes a futuro se evaporaban, las promesas se quedaban en el aire, la separación parecía inminente. La lluvia nos golpeaba en la cara y, en la búsqueda de un refugio, encontramos esa vieja y fría iglesia.

Ahí las palabras mordaces incrementaban su fuerza debido al eco, a la soledad y a la oscuridad. Los cirios jugaban macabramente nuestros gestos, haciendo de nuestros rostros, máscaras maléficas con miradas rencorosas. El amor se quebraba delante de los santos. Olvidábamos la marca que nos unía, ésa que sólo desaparecería con una mutilación. Parecía que nada podía poner pausa al hiriente discurso que se había desatado.

Paulatinamente, nuestras cuerdas vocales se vaciaron. Intentamos conciliar el sueño mientras tiritábamos de frío. Cada uno se encontraba en un confesionario, rodeado de los pensamientos más oscuros, hundiéndonos bajo el peso del fracaso. El alma estaba congelada y el corazón a medio morir.

Unas horas más tarde, la luz del amanecer atravesaba los vitrales y derretía el hielo formado durante la noche. Salimos sin mirarnos. Cruzamos la calle y tomaste mi mano. Habíamos enfrentado nuestros demonios más tenebroso. Aquel oscuro pasaje se cerraba junto con la puerta de la iglesia.

La tormenta se había disipado, un nuevo día comenzaba. Era el momento de reconstruir(nos).

jueves, 26 de marzo de 2020

Escenario pt. 1

Entre la estática y el silencio, regresemos a la observación e instrospección, a la tinta sobre papel, a las caminatas solitarias, a mirarnos a los ojos y a descubrir versos que contienen toda la belleza del mundo.

viernes, 8 de noviembre de 2019

Microrelato 1


Mientras escuchaba los aplausos que sus hipócritas amigos daban en aquella fiesta privada, de pronto, recordó.

Se vio a sí mismo hace 45 años. Iba en el metro de la línea 2, sentado junto a su madre. Tendría 6 o 7 años. Como de costumbre, su madre iba leyendo. En alguna estación, un hombre subió. Un hombre como ningún otro que hubiera visto. Cabello largo en una coleta, llevaba los lados a rape, dibujos en la piel, ropa sin color y holgada. Comenzó a recitar un fragmento del libro de “Espejos” de Eduardo Galeano que en aquel entonces le era desconocido. Hablaba sobre la magnanimidad de Tenochtitlán, de los adelantos de su tiempo y de las impresiones que causó a los españoles. Javier recuerda ver al hombre recitando fervorosamente con una voz grave y movimientos de mano que acentuaban su relato. Resultaba cautivador.

Fue precisamente en este punto que, sin saberlo, Javier encontró su vocación y decidió hacer de la historia su pasión. Comenzó a interesarse en los libros, primero infantiles y luego con investigaciones más profundas. Ingresó al colegio, realizó estudios de alto grado y terminó escribiendo un libro interesantísimo que era por el motivo de su ovación.

Todo lo anterior lo había llevado a este instante: agradecer a aquel actor, aquella alma auténtica donde fuera que se encontrara y lanzarle una bendición al aire.

miércoles, 14 de agosto de 2019

Cumpleaños


Madrugada de insomnio y lluvias torrenciales. Una vida de recuerdos que me ahogan. Se levantó el telón: ya no hay más.

Hoy era tu fiesta, éste era tu día. Hoy no hay banquetes ni deseos de una larga vida, pero la memoria es terca y se aferra.

El gran vacío en el pecho, el peso en el estómago y el dolor que se acumula y se eleva al cielo que tampoco ha dejado de llorar.

Mi corazón te recuerda y me gustaría verte bailar y cantar. Las velas, los rezos y las flores son el único consuelo.

Tu partida no tiene vuelta atrás. Lo sé. Me queda la tranquilidad de que te quise a tu hora y en el lugar preciso.

Del otro lado, aplauden y ríen en medio de una gran celebración. Allá en la vida eterna, festejan al que fue un gran abuelo y ahora un ángel mayor.

Te recuerdo, te lloro, te quiero.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Un minuto de silencio

Un año ha pasado desde que la naturaleza dejó sentir su fuerza y magnanimidad.

Aquel 19 de Septiembre todo transcurría con normalidad, el sol brillaba, las aulas llenas de niños, los oficinistas se preparaban para ingerir sus alimentos, los ciudadanos se trasladaban de un lugar a otro, los enfermos se recuperaban, las mascotas dormían o jugaban; la cadencia armoniosa.

Hasta que la Ciudad se sacudió sin piedad. Esparciendo el pavor que causa la incomunicación y la incertidumbre, nos sumergíamos en un caos, desconocido y atroz. Dejó huellas imborrables por la experiencia, los familiares perdidos y los inmuebles caídos. El pueblo mostró una solidaridad y humanismo excepcionales.

365 días después hemos recuperado la sonrisa, el apetito, el dormir el calzones, el tomar el metro subterráneo o el estar en el piso 20 de un edificio. Podemos caminar por la calle a nuestro paso habitual mientras escuchamos música. Regresamos a los bares que están dentro de las zonas más afectadas. La cotidianidad. La rutina se ha restaurado.

Sin embargo, para todos los que vivimos el terremoto tanto en el 2017 y en el 1985, siempre quedará un fantasma, una estela de miedo en lo más profundo de la mirada y un sinfín de resquebrajaduras en las paredes y en el alma.

domingo, 3 de junio de 2018

Domingo de Junio

Así dejábamos pasar el domingo. 

En este pequeño lugar alejado y atemporal: un refugio ante el exterior. Haciendo de todo y nada, sumidos en nuestro ritmo y tiempo. Nos turnábamos para tomar la fría lata de cerveza del refri o para preparar el té que inundaba de aromas frutales el espacio. Tumbados en el sofá, el gato venía a instalarse entre nosotros, celoso de caricias. Traíamos de vuelta viejos recuerdos, señalando curiosidades, leyendo algún verso que encontráramos, tarareando precariamente alguna canción, imaginando posibles escenarios o entrelazados en un abrazo abismal: las actividades acostumbradas. Observábamos nuestras siluetas, apenas iluminadas por la lamparilla del buró, tratando de hacer memoria y recordar cada lunar, cada cicatriz, cada pliegue. De la nada, nos mirábamos y reíamos con una sonrisa franca, sabiéndonos afortunados cómplices.




Así dejábamos pasar el domingo. Extasiados, ensimismados, enamorados.