viernes, 16 de octubre de 2020

Octubre de fantasmas y caramelos.

 Caminar encorvado, bajo el peso del abrigo, con el mar frío y gris acompañándote, invocando personas a más de 10,000 km.

Saludar a ese par de árboles naranjas que dejan caer sus hojas sobre ti. 

Visitar la panadería con el cabello siempre húmedo para elegir un pastel nuevo.

Hablar un idioma que parece trabalenguas para pedir que enciendan la chimenea.

Descubrir que los viejos sin dientes se reúnen al mediodía frente a la farmacia para intercambiar recetas.

Recibir los rayos del sol, que con sus fuerzas agotadas, se asoma cuatro veces al día.

Recorrer la misma calle una y otra vez mientras la viuda con sombrero de pluma te juzga.

Fotografiar el pescado podrido frente a una embarcación: la ofrenda de los pescadores.

Abrir las puertas del cementerio, con su barda en ruina, y descubrir a los felinos trepando por una cruz para atrapar un canario. 

Flores marchitas y lápidas sin nombre, aquí han olvidado a sus muertos.


Escribir con el gato que nunca se despega, él entiende todos los idiomas, él observa todos los mundos.

Pasar las páginas viejas, una y otra vez, de aquel álbum de fotografías de desconocidos.

Preparar un plato de sopa para descongelar los huesos y tener buena suerte.

Usar el mismo suéter para no sentirte sola.

Cambiar de postura y pasar las páginas de ese libro japonés con toda confianza como si fuera tuyo.

Sentarte frente a frente con él y mirarle el alma a través de la luz de una vela. 

Beber cerveza barata y tararear la letra de “Grief came riding” hasta que las estrellas se oculten.

Compartir la cama bajo el techo inclinad, unir las yemas de los dedos en la penumbra. 

Mirar las nubes pasar y saber que él nunca se irá.

Tener aquí, entre las paredes de piedra, nuestro pequeño imperio, 

La dicha de hoy, no del mañana.

sábado, 29 de agosto de 2020

Vida de gato

Una hilera de puertas abiertas se extienden hasta el infinito creando nuevas combinaciones.

Pronto mi vida dará una nueva vuelta al sol y afortunada soy pues he vivido más de 7 vidas distintas.
Aquí, allá, estableciendo conexiones, existiendo en diversos mundos, habitando dentro de diferentes personajes para luego dejarlos intactos en el aparador. 
Mirando estrellas que, dependiendo de la latitud en donde me encuentre, nunca parecen tener el mismo esplendor.

El conjunto de todas ellas, es lo que soy. 
Mi esencia y mi alma están en constante transformación. 
Creo memorias para la posteridad.

A los que he conocido, los llevo en mi corazón y en cada suspiro, añoro un nuevo encuentro.
A los que me faltan por conocer, los espero con mente y brazos abiertos.

El rompecabezas sólo estará completo con mi último aliento.

jueves, 16 de julio de 2020

Viviendo cerca del mar

Hace tres días que pienso en el mar, ¿has escuchado el sonido del oleaje? Es magia. 


Puede estar enfurecido y propagar el miedo o estar calmo y sumergirte en una paz profunda. Aquí están a la misma altura el sol y la luna y las estrellas. Las hojas intentan bailar su mismo ritmo, las aves detienen su vuelo atraídas por el espectáculo. El vaivén sin tiempo ni espacio, sin forma definida. También tú lo ves y lo escuchas, me doy cuenta que hay algo diferente en tus ojos, está enamorándote. Así me quedo en la playa mirándote y escuchándolo, purificándome. Estamos en el paraíso.

jueves, 9 de abril de 2020

Los días más felices

El mes de abril parecía haberse detenido en el tiempo, con las calles vacías y los cielos más azules del año.

Los días transcurrían a nuestra manera. Vivíamos regidos por un horario natural, nos despertábamos cuando la luz atravesaba las cortinas y sabíamos que era de noche cuando el sol ya se había ido. 

Los libros y las tazas parecían reproducirse en cualquier rincón de nuestro minúsculo departamento. Disfrutábamos del agua caliente al bañarnos juntos y rara vez teníamos pantalones puestos. Comíamos a deshoras e inventábamos nuevas bebidas para aminorar el calor de la primavera.

Leíamos durante largos periodos de tiempo con las piernas entrelazadas. Mirábamos películas tan viejas que las siluetas de los personajes eran apenas distinguibles. Encendíamos algunas velas y nos recostábamos en el suelo fresco recordando anécdotas de las canciones y adivinando el año en el que fueron lanzadas al mundo.

Intercambiábamos miradas que contenían toda la ternura del mundo, besos que dejaban de manifiesto el amor contenido y caricias sin importar la hora del día. El gato nos observaba celoso desde la repisa mientras se limpiaba sus patitas blancas.

Admirábamos los pequeños cambios de la naturaleza, nos emocionábamos por una flor que nacía o cuando el árbol seco comenzaba a tornarse verde y lleno de vida. Algunas veces mirábamos los atardeceres que se asomaban a nuestra ventana, entonces reinaba el silencio y nos dejábamos cautivar por su hermosura.

Habíamos creado nuestro mundo.

Así fueron los días más felices de nuestra vida.

domingo, 5 de abril de 2020

Tiempo presente

Respira. 
El tiempo parece ir a la deriva. 
Las manecillas del reloj han perdido su ritmo.
El mundo va más lento.
Interrumpe tu rutina y alimenta tu alma.
Observa el vuelo de los pájaros y la agitación de las ramas.
Recuéstate e imagina la historia más fantástica sobre el blanco techo.
Escucha la intensidad que trae consigo el viento.
Platica hasta quedarte exhausto. 
Comparte y vuélvete cómplice con los tuyos.
Colecciona momentos que sólo te pertenezcan a ti.
Toma los silencios con toda la dulzura que los integran.
Cuestiona el presente, el pasado y el futuro.

Abre la ventana. 
Deja que el viento te despeine y llena tus pulmones hasta que los sientas explotar.
Siente la tristeza hasta lo más profundo de tu ser. 
Muere amargamente inundado por lágrimas.
Percibe la felicidad renacer a través del atardecer.

Respira.

El ciclo está por renovarse.

sábado, 28 de marzo de 2020

Noche santa

La noche recién comenzaba. Brindábamos por la música en nuestros oídos y por la belleza que nos rodeaba, compartíamos anécdotas, complicidades y sueños. Parecía un gran momento para estar vivos, ansiábamos comernos al mundo.

Las botellas vacías, la sangre ligera, la mente en vértigo. En nuestra euforia, perdimos el control.

Una transformación tan drástica como no habíamos vislumbrado nunca antes estaba a punto de comenzar. Discusiones, reclamos, llantos y enfrentamientos letales. Todas las fallas del pasado se cernían sobre nosotros, ensombreciéndonos a tal punto de resultar seres desconocidos. Los planes a futuro se evaporaban, las promesas se quedaban en el aire, la separación parecía inminente. La lluvia nos golpeaba en la cara y, en la búsqueda de un refugio, encontramos esa vieja y fría iglesia.

Ahí las palabras mordaces incrementaban su fuerza debido al eco, a la soledad y a la oscuridad. Los cirios jugaban macabramente nuestros gestos, haciendo de nuestros rostros, máscaras maléficas con miradas rencorosas. El amor se quebraba delante de los santos. Olvidábamos la marca que nos unía, ésa que sólo desaparecería con una mutilación. Parecía que nada podía poner pausa al hiriente discurso que se había desatado.

Paulatinamente, nuestras cuerdas vocales se vaciaron. Intentamos conciliar el sueño mientras tiritábamos de frío. Cada uno se encontraba en un confesionario, rodeado de los pensamientos más oscuros, hundiéndonos bajo el peso del fracaso. El alma estaba congelada y el corazón a medio morir.

Unas horas más tarde, la luz del amanecer atravesaba los vitrales y derretía el hielo formado durante la noche. Salimos sin mirarnos. Cruzamos la calle y tomaste mi mano. Habíamos enfrentado nuestros demonios más tenebroso. Aquel oscuro pasaje se cerraba junto con la puerta de la iglesia.

La tormenta se había disipado, un nuevo día comenzaba. Era el momento de reconstruir(nos).

jueves, 26 de marzo de 2020

Escenario pt. 1

Entre la estática y el silencio, regresemos a la observación e instrospección, a la tinta sobre papel, a las caminatas solitarias, a mirarnos a los ojos y a descubrir versos que contienen toda la belleza del mundo.

viernes, 8 de noviembre de 2019

Microrelato 1


Mientras escuchaba los aplausos que sus hipócritas amigos daban en aquella fiesta privada, de pronto, recordó.

Se vio a sí mismo hace 45 años. Iba en el metro de la línea 2, sentado junto a su madre. Tendría 6 o 7 años. Como de costumbre, su madre iba leyendo. En alguna estación, un hombre subió. Un hombre como ningún otro que hubiera visto. Cabello largo en una coleta, llevaba los lados a rape, dibujos en la piel, ropa sin color y holgada. Comenzó a recitar un fragmento del libro de “Espejos” de Eduardo Galeano que en aquel entonces le era desconocido. Hablaba sobre la magnanimidad de Tenochtitlán, de los adelantos de su tiempo y de las impresiones que causó a los españoles. Javier recuerda ver al hombre recitando fervorosamente con una voz grave y movimientos de mano que acentuaban su relato. Resultaba cautivador.

Fue precisamente en este punto que, sin saberlo, Javier encontró su vocación y decidió hacer de la historia su pasión. Comenzó a interesarse en los libros, primero infantiles y luego con investigaciones más profundas. Ingresó al colegio, realizó estudios de alto grado y terminó escribiendo un libro interesantísimo que era por el motivo de su ovación.

Todo lo anterior lo había llevado a este instante: agradecer a aquel actor, aquella alma auténtica donde fuera que se encontrara y lanzarle una bendición al aire.

miércoles, 14 de agosto de 2019

Cumpleaños


Madrugada de insomnio y lluvias torrenciales. Una vida de recuerdos que me ahogan. Se levantó el telón: ya no hay más.

Hoy era tu fiesta, éste era tu día. Hoy no hay banquetes ni deseos de una larga vida, pero la memoria es terca y se aferra.

El gran vacío en el pecho, el peso en el estómago y el dolor que se acumula y se eleva al cielo que tampoco ha dejado de llorar.

Mi corazón te recuerda y me gustaría verte bailar y cantar. Las velas, los rezos y las flores son el único consuelo.

Tu partida no tiene vuelta atrás. Lo sé. Me queda la tranquilidad de que te quise a tu hora y en el lugar preciso.

Del otro lado, aplauden y ríen en medio de una gran celebración. Allá en la vida eterna, festejan al que fue un gran abuelo y ahora un ángel mayor.

Te recuerdo, te lloro, te quiero.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Un minuto de silencio

Un año ha pasado desde que la naturaleza dejó sentir su fuerza y magnanimidad.

Aquel 19 de Septiembre todo transcurría con normalidad, el sol brillaba, las aulas llenas de niños, los oficinistas se preparaban para ingerir sus alimentos, los ciudadanos se trasladaban de un lugar a otro, los enfermos se recuperaban, las mascotas dormían o jugaban; la cadencia armoniosa.

Hasta que la Ciudad se sacudió sin piedad. Esparciendo el pavor que causa la incomunicación y la incertidumbre, nos sumergíamos en un caos, desconocido y atroz. Dejó huellas imborrables por la experiencia, los familiares perdidos y los inmuebles caídos. El pueblo mostró una solidaridad y humanismo excepcionales.

365 días después hemos recuperado la sonrisa, el apetito, el dormir el calzones, el tomar el metro subterráneo o el estar en el piso 20 de un edificio. Podemos caminar por la calle a nuestro paso habitual mientras escuchamos música. Regresamos a los bares que están dentro de las zonas más afectadas. La cotidianidad. La rutina se ha restaurado.

Sin embargo, para todos los que vivimos el terremoto tanto en el 2017 y en el 1985, siempre quedará un fantasma, una estela de miedo en lo más profundo de la mirada y un sinfín de resquebrajaduras en las paredes y en el alma.

domingo, 3 de junio de 2018

Domingo de Junio

Así dejábamos pasar el domingo. 

En este pequeño lugar alejado y atemporal: un refugio ante el exterior. Haciendo de todo y nada, sumidos en nuestro ritmo y tiempo. Nos turnábamos para tomar la fría lata de cerveza del refri o para preparar el té que inundaba de aromas frutales el espacio. Tumbados en el sofá, el gato venía a instalarse entre nosotros, celoso de caricias. Traíamos de vuelta viejos recuerdos, señalando curiosidades, leyendo algún verso que encontráramos, tarareando precariamente alguna canción, imaginando posibles escenarios o entrelazados en un abrazo abismal: las actividades acostumbradas. Observábamos nuestras siluetas, apenas iluminadas por la lamparilla del buró, tratando de hacer memoria y recordar cada lunar, cada cicatriz, cada pliegue. De la nada, nos mirábamos y reíamos con una sonrisa franca, sabiéndonos afortunados cómplices.




Así dejábamos pasar el domingo. Extasiados, ensimismados, enamorados.

martes, 17 de abril de 2018

Aquel tiempo.

Hablo de aquel tiempo donde el temor nos era desconocido, donde la libertad era nuestra y la defendíamos con un idealismo franco.  Intentábamos comernos al mundo sin que el futuro nos detuviera. Tanto el estómago como el bolsillo estaban vacíos sin embargo, eramos felices y amábamos la vida. Recordábamos una canción y nos deteníamos a tararearla en cualquier esquina sin importar las miradas desconcertadas. Escuchábamos la voz perpetua de Reed junto a guitarras ácidas y rasposas mientras esperábamos la gloria y hablábamos de sueños. La locura formaba parte de nosotros y asegurábamos que la celebración cabía en un brindis. Las sonrisas brotaban directas del alma y se perdían en el ambiente lleno de incienso. El amor era despreocupado y fugaz, a la espera de aquel romance verdadero. En un cuaderno roído, escribíamos versos y prosas que trataban de representar a toda una generación. Pasábamos la noche en vela, esperábamos el amanecer y lo tomábamos como un indicio. Nuestros ojos eran fulgurantes y llenos de promesas.


Espera. Aún no hemos olvidado. Sacude las cenizas. Mira cómo tu cabello se despeina con el aire, cómo tu sombra sigue alargándose con cada atardecer, cómo aún hay esperanza. Aún hay asombro y descubrimientos. Aún hay vida.

lunes, 25 de diciembre de 2017

Día 25 del mes 12.

Despierto este 25 de Diciembre pensando en que pasaré la jornada en casa y en que el año prácticamente se ha ido, 6 días más y plaf! no quedará nada, sólo los recuerdos. Y, precisamente, en esta actividad me detengo.

Sin duda, lo más memorable que sucedió fue el volver a viajar a Francia, siendo un periodo de mucha paz y tranquilidad también de aprendizaje porque cuando uno no está en el territorio que domina, se encuentra más vulnerable. Conocer hermosos lugares que te atiborran el alma de sueños para poder enfrentarse después al mundo real y la cotidianidad, un ejemplo de ello fue Venecia. Con una arquitectura majestuosa, calles laberínticas, colores en las vitrinas de los locales, comida para saciar cualquier exigencia, puentes de ensueño, el agua como medio de transporte y de vida. También la Bretaña con sus increíbles paisajes y un lugar de ensueño como loes Dinan con sus calles empedradas que te incitan a perderte entre ellas; un entorno imponente como lo muestra Saint Malo, una ciudad amurallada frente al mar. Londres es algo que se tiene que vivir una vez en la vida. Una fiesta en honor de nuestro matrimonio también sucedió por aquellas tierras con las delicias culinarias que predominan allá y con la familia política que me ha adoptado con gran fervor a pesar de que no hemos podido tener grandes conversaciones. Una sonrisa sincera es el mejor intercambio. Conocer, comer y experimentar sin duda son actividades que alimentan el alma y por las que vale la pena dejar atrás todos los miedos e inseguridades.

Laboralmente he tropezado con varios baches que impiden ver con claridad el rumbo a tomar, sin embargo, uno no se desanima del todo cuando las monedas suenan en el bolsillo para poder ir a darse ciertos placeres mundanos. Cada vez me alejo más de las cuestiones sobre las que todo mundo habla y me adentro en un mundo que se acerca más al mío, a la esencia que me hace ser lo que soy.

Este mes de Septiembre se convirtió en algo inolvidable, con el peor sismo que hemos vivido los que son de mi generación. La fuerza imponente de la naturaleza para causar tremendas afectaciones y pérdidas humanas en un periodo de tiempo corto, nos recordaron lo que realmente nos importa. Hoy revivimos aquel sentimiento que ahora vive dentro de nosotros, afortunadamente sin daño alguno.

Contar con los amigos y la familia aunque haya distancia de por medio, ha resultado fundamental para poder continuar el camino, tomar decisiones, compartir vivencias, enfrentarnos a adioses y reencuentros, a tristezas y alegrías, les agradezco por estar. Aquellos que se han alejado por apatía o por voluntad propia, así tenía que ser pues yo no les aportaba nada interesante y viceversa. Aquellos que terminaron su ciclo de vida terrenal también los llevo en mi memoria y en mi corazón, enciendo una vela por todos.

Es el cuarto fin de año que paso al lado de mi compañero de vida, aquel que complementa mis actividades diarias, que me sorprende con aprendizajes nuevos y tantas complicidades, con el que paso horas disfrutando de conversaciones interesantes, literatura y música, así como de nimiedades y silencios, aquel por el que cualquier locura vale la pena.

Siendo una montaña rusa este 2017 se acerca a su fin y no queda más que brindar por lo que ya pasó, por los sucesos venideros en donde no tengamos las mismas incertidumbres y que nos acerquemos más a nuestros sueños.

martes, 15 de agosto de 2017

Conversaciones de café

  • Deberíamos separarnos - dijo Martha.
  • Pero, ¿por qué? - contestó Alexis.
Martha estaba sentada frente al espejo, cepillándose el largo cabello. Se había maquillado para ir al trabajo. Alexis la veía acostado desde la cama, seguía debajo de las sábanas tras haber el hecho el amor esa madrugada.
  • Ya no soy feliz. La espontaneidad se ha ido a no sé dónde junto con los besos de nariz y las salidas al cine los sábados - dijo Martha más para sí misma que para Alexis.
  • Dijiste que ya te aburría.
  • También los paseos por el parque, las cenas a la luz de la vela, los ofrecimientos de tu abrigo cuando hace frío, preparar hot-cakes, las risas de la nada. Ya no cuidamos de este amor.
Alexis prendió la lámpara del buró para buscar el encendedor. Martha lo observaba a través del espejo, tenía entre abierta la bata de baño, se podía ver su ropa interior.
  • Podemos dividir las cosas de la casa. O quédatelas, si prefieres. Tú decide
  • Pero no quiero separarme, estamos bien.
  • ¿Bien? ¿Es eso lo que esperas del amor? Tendría que ser una maravilla, la más bella aventura. Tendríamos que morirnos uno por el otro, no estar en una relación que se consume y apaga como la llama de una vela. Yo tampoco te hago feliz, no hay brillo en tus ojos cuando me miras. ¿Por qué quieres seguir? ¿Costumbre?
Alexis encendió un cigarrillo y miró las fotos enmarcadas que estaban en la pared. Recargó la cabeza en la cabecera de la cama. Martha se levantó y abrió el clóset. Sin pensarlo mucho eligió un vestido color salmón.
  • Nada de eso. Ese vestido te queda bien.
  • Bueno, te quiero, de eso no hay duda. Eres el amor de mi vida, de eso tampoco hay duda. Me conoces más que nadie. Pero nuestra temporada juntos ya pasó. Me has dado lindos años, lindísimos recuerdos y prefiero quedarme con eso.
  • ¿Qué pasará, entonces?

Sonó la alarma del despertador. Comenzaba a amanecer. Olía al café recién hecho el cual ya no beberían.

lunes, 7 de agosto de 2017

Anti-ruido

Existe dentro de las ciudades, aquella agotadora búsqueda de la tranquilidad, la anhelación de un lugar donde pareciera no haber acción ni tiempo, donde poder descansar de la atención y tensión, de las responsabilidades y las preocupaciones. Esconderse y huir. Pensar y escuchar-te. Soltar y renacer.

Sin embargo, en la persecución de esa apacibilidad, el ambiente se carga, el sentido del oído se agudiza más, hasta los detalles insignificantes parecieran surgir con estruendo. Las campanas de la iglesia, los perros ladrando, los niños que juegan y lloran, las parejas discutiendo, la madre regañona, la televisión con las noticias de la balacera de hoy, nacos que escuchan música a todo volumen, la campanilla de la basura, la grabación de los tamales, una motocicleta cayendo en un bache, el claxon del histérico, la sirena de la ambulancia a toda velocidad, el vaso que se estrella. 


La calma en los oídos, es un zumbido; en realidad, es la paz. El ruido no es vida. El silencio escasamente hallado, representando una gema valiosísima. Aquel punto de sosiego donde poder disfrutar el verdadero estado de bienestar. Milagro prodigioso y exiguo.

martes, 25 de julio de 2017

La tierra del sudeste

No había ni rastro de sol frente al mar gris, las densas nubes lo ocultaban. Estábamos aquí para tomar el ferry que nos alejaría de esta tierra maldita. Era lo único que tenía este pueblo, las salidas del ferry. Aun nos quedaban algunas horas por esperar y decidimos entrar al único bar.  Se trataba de un lugar semivacío con luces de colores, piso de madera y muebles verdes viejos con un ligero olor a moho. En las paredes había detalles de barcos y cuadros de perros jugando al billar.

En el celular, veía las fotos de los días pasados, recordaba las lágrimas y las discusiones. Para distraerme, decidí observar la tele pero las pantallas estaban sin señal de transmisión. Entonces, decidí mirar a mi alrededor.

Eramos alrededor de 10 personas. Un señor sentado en un esquina oscura era el responsable de controlar nuestra banda sonora : desconocidas canciones de pop ochenteras. En las máquinas de casino había una señora gorda jugando de manera automática y, al lado, una mujer con un whisky y cigarro en mano que casi se echaba encima de su compañero. Un señor canoso con su portafolio y aire de hastío tras haber tenido una dura jornada laboral. La chica de la barra, que era punk, platicaba en voz baja con su amiga de falda corta. Y nosotros quienes estábamos frente a frente, sumergidos en nuestros pensamientos. ¡Qué bella congregación!

Nos quedaban algunas monedas por gastar pues no servirían de nada en cualquier otro lugar, se convertirían en metal inservible. Las teníamos sobre la mesa dispuestos a gastarlas en alcohol. Miramos hacia la barra pero sólo tenían botellas de nombres desconocidos como Cactus Jacks. Así fue como pedimos dos pintas de cerveza a la chica de la barra, quien estaba descalza y comiendo una hamburguesa. Con parsimonia, fue a servir el vaso y, sin hablar, estiró la mano para recibir las monedas, ponerlas en la caja registradora y seguir comiendo mientras escuchaba a su amiga.

Por lo que podía entender, las canciones eran de amor mal correspondido, de nostalgia del pasado o de corazones rotos. La música estaba a volumen alto para que nadie tuviera que hablar con nadie. La amiga decidió tomar el micrófono y comenzar el karaoke. Nos miramos y reímos. Decidimos terminar el vaso y salir de aquel lugar de pena. Nos internamos en el frío y la neblina con las manos unidas, uno al lado de otro.


Era un día de fiesta. Era un sábado por la tarde. Portsmouth, un pueblo olvidado.

miércoles, 31 de mayo de 2017

La jornada.

La forma en que lo cotidiano transcurre sin una actividad especifica resulta poco comprensible pero armónica, plena y equilibrada. Los días pasan en calma, en ausencia de presiones banales, con un lento avance de las manecillas para dar tiempo a observar el paisaje, a disfrutar una fresa recién cortada, un jugo de naranja frío, una cerveza o un beso; a respirar el aire puro que nos limpia los pulmones, a escuchar el canto de un pájaro, a sentir los rayos del sol tostando la piel, a descubrir música o libros, a probar nuevos sabores, a educar el oído hacia un nuevo idioma, a andar en bicicleta entre los campos verdes y flores amarillas, a mirar el movimiento de las copas de los árboles y el cielo azul. 

Ese perfume suave y fresco, ese balanceo tranquilo que te abraza cálidamente, que te arrebata las tensiones y hace cerrar los ojos y llena el cuerpo de paz. Estoy sumergida en esa curiosidad por los detalles cotidianos que pasan desapercibidos y resultan ser los más extraordinarios. Alejada de la modernidad y el bullicio de la ciudad pero cerca de la naturaleza y sus prodigios, qué mejor!. 


A ratos es bueno desintoxicarse, desadaptarse, desconectarse. Recrear. Ser. El estado ideal. Es la forma en como se regeneran los cronopios y los amorosos.. Algunas veces es bueno detenerse para recobrar el sentido, para vivir.

jueves, 6 de abril de 2017

65 años de vida y 1 de muerte

65 años de vida y 1 de muerte. Hoy es tu cumpleaños. Hoy era tu cumpleaños.

Pero hoy no habrá pastel ni cantos, no habrá envolturas de regalos ni chocolates preparados. No chocaremos las copas para brindar por 100 años más de vida. No habrán caminatas en búsqueda de cafés. No habrá una arruga más en la frente ni canas acumuladas. No pulirás tus lentes ni tu navaja. No habrá planes de viaje ni canciones de los Doors. No contarás las mismas anécdotas ni habrá intentos de tomar fotos. No dirás ninguna broma ni te quejarás de cómo va girando el mundo.

No habrá risas que se dibujen en la cara puesto que no existen ya ni la cara, ni los ojos, ni las manos. Tu piel morena se ha fundido con la tierra. Tus huesos han germinado flores que adornan tu tumba. Todo ha quedado reducido a polvo en medio del aire encerrado. Todo se ha desvanecido con excepción del corazón y del alma. Te fuiste muy pronto. El cuadro ha quedado vacío.

Celebraremos con una vela y una oración. Con los recuerdos y la memoria. Con el dolor que oprime el pecho y los ojos las lágrimas. Celebraremos con el cielo nublado y el atardecer sanguinolento. Con el colibrí que se acerque a la ventana. Celebraremos en la soledad, en cuartos vacíos, tratando de reconstruir tu rostro sobre la pared oscura. Nos persignaremos en tu honor. Encenderemos un cirio en tu honor. 

Te abrazo desde este sucio colchón a rayas, con una novela rusa a mi lado.

65 años de vida y 1 de muerte. Qué absurdo es el tiempo. Qué absurda la vida tras ser aplastada por la muerte. 

lunes, 20 de marzo de 2017

Sitio de amor.

Me gustan las noches porque eres mío. Dejamos de lado las responsabilidades y la tecnología. Dejamos de lado lo aprendido y las cosas que no conocemos. Nos despojamos de las playeras así como del mundo. El resto se queda al límite de nuestra puerta. Tú eres mi casa. Nada importa ya. No permitimos que traspasen. Es tuyo y mío ese lugar de nadie. Quedamos así, inmaculados en nuestra desnudez, frente a frente, con los corazones rojos. Nos arrullamos al ritmo de nuestro vals, creando sombras y risas con la lámpara del buró. 



Me gustan las mañanas porque eres mío. Estás a mi lado en un estado semi inconsciente, unidos en los sueños y en la realidad. Las sonrisas con los ojos cerrados, esos ojos que amo pero que a esas horas imagino sin ver. Las manos apretando el pecho como si fueran uvas, estrechando las almas, todo en silencio. El amor sin lógica ni razón. El corazón late despacio, es la pureza del sentimiento. El duro amanecer viene. El preámbulo del ajetreo del día. Me gustan las mañanas porque eres mío.

sábado, 10 de diciembre de 2016

Rosas secas



Esta noche se trata de acarrear las caras agrias, las sábanas frías, el levantamiento de muros y los pañuelos acumulados.

De llenar el aire con suspiros, rezos y corrosión.

De tener los brazos sueltos, de ignorar los labios que te reclaman, el corazón que palpita.

Se trata de negarnos el amor que une cuerpos y hace funcionar estrellas.

Se trata de transfigurar constelaciones y secar rosas.

El peligroso juego de faltarnos, esperarnos y morirnos. De desperdiciar el tiempo haciendo nada cuando podemos hacer todo.






Aun no es tarde.